El club de los insomnes – Crítica | Control Total

Esta comedia dramática te saca algunas risas aunque tiene un aire de infortunio del que no se puede despegar

¿Qué hacer cuando sufres de insomnio? Una buena opción es ir de madrugada al minisúper más cercano y hacerte amigo de quien lo atiende, así al menos no estarás solo cuando no puedas conciliar el sueño. Esto es lo que hace Santiago (Leonardo Ortizgris), quien lleva tiempo sin ponerle remedio a su padecimiento de no poder dormir, por ello acude religiosamente cada día después de la medianoche a un pequeño establecimiento atendido por Danny (Cassandra Ciangherotti), una chava cuya aspiración es convertirse en fotógrafa.



Uno de esos días en que todo parece normal, aparece Estela (Alejandra Ambrosi), una veterinaria que se acaba de dar cuenta de su embarazo, por ello también se vuelve una insomne de la preocupación sobre su futuro y se une al pequeño club para conversar, compartir sus experiencias y hasta bailar de vez en cuando cada que pierde en uno de los juegos de mesa que les divierte.

La trama de El club de los insomnes es sencilla: vemos un fragmento de las vidas de los involucrados a medida que sus problemas van perdiendo el piso y se vuelven incontrolables. Cada uno de los tres protagonistas tiene una personalidad distinta pero parecida en cierto punto. Todos tienden a ser introvertidos y no externar sus pensamientos y emociones comúnmente.



El problema de la cinta es que llegado a un punto te cansa tanto infortunio. No sientes que los protagonistas estén haciendo algo para cambiar su situación, sino que se adaptan a las circunstancias, se dejan llevar por el día a día consumiéndose poco a poco en una rutina sin salida. Llegas a pensar que en realidad les gusta lo que están viviendo aunque no entiendes cómo es eso posible si de esa manera no llegarán a ningún lado más que a la perdición.

Es de esas películas en las que agradeces los detalles tan cotidianos que te acercan a la historia, como las tiendas, la ciudad en sí misma y los temas de conversación, pero al final no te deja con un buen sabor de boca porque no logras comprender con certeza qué es lo que quisieron decir con eso. Todos tenemos problemas, pero mirar una cinta en la que hay demasiado de nuestra rutina y no saber hacia dónde quiso llegar se vuelve algo frustrante.



Eso sí, tiene unas interpretaciones bastante convincentes que terminas por sentir algo por los protagonistas. Mientras que la parte humorística corre a cargo de Cassandra Ciangherotti y su personaje que parece frío con las personas, pero en realidad es toda una sorpresa de simpatía e irreverencia. Llega el punto en que te ríes con solamente mirar sus gestos de desaprobación.

El club de los insomnes tiene su valía en la cotidianidad pero al mismo tiempo también tiene su falla en el mismo punto. Agradeces la fácil identificación con las situaciones, sin embargo, detestas que lo contado no tenga una trascendencia mayor, se siente que no llevó a ningún lado, además del ambiente infortunado presente de principio a fin.

Octavio Alfaro C.

Periodista Digital con gusto por el cine y las buenas historias que generen alguna emoción o reacción en la audiencia. Fanático del Universo Cinematográfico de Marvel.