The Shape of Water – Crítica

La película se perfila a ser una de las candidatas más fuertes en la siguiente entrega de los premios Óscar

El séptimo arte conoció en 1954 la historia de una misteriosa criatura sumergida por años; se trata exactamente de Creature from the Black Lagoon, protagonizada por Richard Carlson y Julie Adams, hoy día una cinta de culto. Pero, ¿quién dice que la historia no puede sobreescribirse? El cineasta mexicano, Guillermo Del Toro, dedicó un par de décadas para hacer su versión y volverla un poema de amor.

Pocas películas tienen el lujo de atrapar al espectador desde el comienzo, literalmente desde los primeros segundos la narrativa de Guillermo Del Toro es crucial para crear una atmósfera capaz de tomar los sentidos del público; después de ello la inmersión es total a través del plausible concepto visual regodeado entre una amplia variedad de colores que van por gamas de azules, marrones, amarillos y verdes, esto demuestra la elegancia y sutileza provista por Del Toro para adentrar a todo aquel frente a la pantalla grande.



Al mismo tiempo, cuando te has rendido rápidamente ante el mundo creado por Guillermo, la composición musical del veterano francés, Alexandre Desplat, roba la percepción sonora, la regocija y devuelve una vez iniciado los créditos finales del largometraje. Es como ser remontado a las piezas musicales de la vieja escuela, por ejemplo: Hans Zimmer con su divertida y elegante composición para Driving Miss Daisy (1989) o As Good as It Gets (1997); esta misma magia puede sentirse en toda la cinta.

Dentro de las muchas decisiones que siempre han caracterizado a Guillermo Del Toro es su gran sentido al momento de elegir el reparto de su próximo proyecto; en The Shape Of Water, el grupo actoral se desenvolvió idóneamente y así la historia fue contada con naturalidad. El trabajo de Sally Hawkins como una mujer muda y solitaria fue bien conseguido, empalmas rápidamente sus sentimientos con los propios y puedes entender el amor y la rabia que en ella viven.

El elenco alcanzó el principal objetivo para todo intérprete: crear un vínculo entre el espectador y sus respectivos personajes. El odio y la crueldad del alto mando, Richard Strickland (Michael Shannon), el lazo de verdadera amistad de Giles (Richard Jenkins), la compasión del Dr. Robert Hoffstetler (Michael Stuhlbarg), los atinados descansos cómicos por Zelda Fuller (Octavia Spencer) y el salvaje y místico comportamiento de la criatura (Doug Jones).



Dentro del libreto creado por Vanessa Taylor y el mismo Del Toro, se encuentra un argumento sencillo, nada pretencioso. El guión habla sencillamente del amor, puede ser encontrado en cualquier sitio, incluso bajo del agua, con escamas, gustoso de la música y de los huevos cosidos. No da rodeos o impone hechos poco creíbles para forzar momentos -innecesarios- que busquen sólo impactar al público, el compromiso de sus creadores por ofrecer una historia cuidada se percibe.

El gran atino del mexicano fue construir una película capaz de funcionar por todos lados, sin importar el ángulo en el que sea vista, la cinta termina satisfaciendo los gustos más exquisitos. Si se desglosa el libreto, la composición musical, su propuesta visual, el armado de personajes y cómo fueron interpretados por su elenco, se terminaría por dar una serie de palomitas aprobatorias.

The Shape Of Water presenta un amor distinto, real, sobreviviente y pasional. Muestra poéticamente una salida justa al monstruo, le da una oportunidad, esa que el arte pocas veces concede. Especial hincapié en el impacto visual y sonoro de la misma, los cuales fungen como un maravilloso equipo. Esta cinta será el pretexto perfecto para volver a creer en los verdaderos lazos de amor entre un ser y otro, porque jamás importó el color ni la forma.