¿Qué tan buena es ‘Green Book: una amistad sin fronteras’? | CONTROL TOTAL

Una road movie fluida, entretenida, divertida y entrañable

Es cierto, a todos nos pasa que cuando conocemos a alguien los prejuicios comienzan a invadir nuestros pensamientos sin siquiera conocer a la otra persona. Esta práctica la utilizaban muchas personas en Estados Unidos décadas atrás cuando se encontraban a alguien con la piel oscura rondando en lugares donde no debería, según su percepción. Si bien es un tema que se ha retratado en infinidad de ocasiones en la pantalla grande, Green Book: una amistad sin fronteras lo hace de una forma especial.



En la trama ambientada en la década de los 60 seguimos a un italo-americano (interpretado por Viggo Mortensen) conocido por su temperamento y habilidad para sacar a los indeseables de los clubes nocturnos. Si bien está en contra de las igualdades para la gente de color, la necesidad económica lo obligan a aceptar un trabajo como chofer y protector de un pianista virtuoso y de piel oscura (interpretado por Mahershala Ali), quien se avienta a hacer una gira por el sur de Estados Unidos a pesar de los problemas que pueda atraer a su persona.

Es justo a consecuencia del viaje que comienza a desarrollarse una historia que toma vuelo con el paso de los minutos y se mantiene en trayectoria ascendente durante todo el tiempo. De las pocas que he visto últimamente en la que no tienes que mirar el reloj para ver cuánto le falta, simplemente te envuelve y no te suelta la trama. Brillante por su fluidez y astucia para mezclar un drama específico con carga social importante con el humor.



Y es que más allá de reírte por cualquier cosa, lo hilarante de los diálogos y algunas situaciones específicas resultan un deleite, ya que nos reflejarnos de cierta manera por lo común que pueden resultar. Sin duda esto es consecuencia de la extraordinaria mancuerna que hacen los protagonistas. Rara vez encuentras a dos actores tan compatibles que parecen camaradas de tiempo atrás.

Lo interesante es que su relación va evolucionando y te das cuenta de las pinceladas de entendimiento y tolerancia que van acarreando, no es que desde el principio se note a leguas que se llevan bien, sino que te vas haciendo cómplice de una conexión que se alimenta del aprendizaje mutuo, de la dependencia que tienen el uno del otro, el respeto que se muestran a pesar de su marcada diferencia de clase social y el cambio que sin pensarlo mucho están generando el uno al otro, no sólo profesionalmente, sino de manera personal.



Otro punto a destacar es la música utilizada para acompañar a las imágenes. Obviamente al ser una película en la que uno de los protagonistas es un pianista talentoso, no podía quedar rezagado este departamento. La solución idónea fue tener de fondo composiciones suaves que fueran casi anónimas para el oído, pero que se acentúan cuando ves tocar al Don Shirley.

Sin duda, Green Book: una amistad sin fronteras es muy buena, tiene cosas que la vuelven entrañable como la química, el guion, la importancia de tener un marco histórico y trama verdadera que la aterricen y la vuelvan cercana, sin dejar a un lado el humor tan importante en nuestros días. Sin duda mi cinta favorita de las que integran la temporada de premios actual. Y no olvides checar en el siguiente enlace si tiene o no escena post-créditos.