‘Pokémon Detective Pikachu’: El viaje nostálgico a nuestra niñez

Ya que no existen las máquinas del tiempo, las películas son canales indicados para transportarnos al pasado, y más en época actual, en la que la nostalgia se ha convertido en ingrediente casi fundamental para generar un éxito. Algo de esto utiliza Pokémon Detective Pikachu, un intento fructífero por adaptar un anime/videojuego a la pantalla grande y de paso deshacerse de la maldición que ha seguido de cerca a la mayoría de las producciones de esta índole.



Y es que no es solamente la inclusión – extraordinaria, dicha de paso – de más de medio centenar de Pokémon, sino del acompañamiento de una historia construida con detalles y giros, literalmente haciendo gala de parte de su nombre y dejando pistas a lo largo de la historia para ser resueltas al final como un buen detective, sin dejar de mencionar los guiños a los fanáticos más empedernidos de la franquicia y una dosis de realidad – o lo más cercano a ello – de cómo se sentiría ser un entrenador de estos monstruos de bolsillo.

Sinceramente tenía mis dudas sobre Justice Smith, ya que su papel en Jurassic World: el reino caído no me convenció, pero su trabajo fue ideal para dar vida a Tim Goodman, el hijo de un famoso detective cuyo rastro es incierto. Y qué decir de Ryan Reynolds, quien desde el principio – y sobre todo el primer avance – parecía el adecuado para presentarle su voz a Pikachu, y lo confirmó en el largometraje completo. Tiene ese humor particular que, aunque no diga groserías – como en Deadpool – sí logra ser simpático.



A pesar de ser evidente tengo que hablar sobre el estupendo trabajo del departamento de efectos visuales, ya que lograron crear a los Pokémon en su versión más realista posible respetando su esencia y aspecto, área en la que muchos proyectos de este estilo fracasan al quererles dar un giro que desinflan la idea. Algo que no esperaba ver era el evidente paso de la aventura reflejado en el cuerpo de Pikachu; llega un momento en la cinta en que la travesía llega a un grado de evidente fatiga y el pequeño espécimen también sufre estragos.



Es verdad que tiene partes lentas, poco entretenidas o inclusive un tanto previsible, pero la verdad es que el producto final cumple con la expectativa y entretiene a la par de generar nostalgia y prácticamente dar indicios de la creación de un nuevo universo cinematográfico que obviamente depende del éxito en taquilla a nivel mundial. No será fácil recuperar los 150 millones de dólares invertidos, sin incluir los gastos por publicidad, pero la verdad la cinta vale la pena para disfrutar con la familia o los cuates. Hay un Pokémon para cada uno. ¡Atrápalos a todos!