No te preocupes, no irá lejos – Crítica | CONTROL TOTAL

La felicidad siempre depende del modo en el que ves la vida

Nuestra naturaleza destructiva nos ha caracterizado como una raza pensante, pero explosiva, sin buenas limitaciones, y esto al ser llevado a un camino oscura, despierta en cualquier individuo su melancolía y sufrimiento emocional; porque nuestras decisiones son el detonador de grandes o terribles cosas. Esta reflexión es tratada dentro de la cinta No te preocupes, no irá lejos (Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot); protagonizada por Joaquin Phoenix, Jonah Hill, Rooney Mara y Jack Black.

La historia basada en hechos reales, muestra la adicta vida de John Callahan (Joaquin Phoenix), quien a través del alcohol y miles de cigarrillos, dedica todo su dinero y tiempo, hasta conocer al hombre que cambiaría su vida, Dexter (Jack Black), un desconocido con el que crea una rápida conexión por sus gustos nocturnos (fiestas y drogas), sin embargo la misma noche sufren un accidente automovilístico que deja a John paralítico de múltiples partes de su cuerpo. Esto le hace enfocarse en emociones que permanecieron ocultas por años, inclusive encuentra dentro del arte un respiro humano y pasional, a la par del apoyo que encuentra en un grupo de ayuda encabezado por Donny (Jonah Hill).



El límite artístico dentro del cine lo considero infinito, cualquier historia puede ser contada de múltiples maneras, apreciándose siempre de distinta manera; y cuando es adaptada una historia basada en hechos reales surge en mí un interés muy particular, ya que me vuelvo un detenido y respetuoso observador de los momentos a contarse, modo irrepetible en otros géneros cinematográficos, ya que la presencial honesta de los personajes se proyectan de manera distinta a la de una ficción.

No te preocupes, no irá lejos es una cinta que fue co-escrita y dirigida por el cineasta dos veces nominado al Oscar, Gus Van Sant, quien a través de una historia compleja y hasta cierto punto melancólica y desamparada, pudo devolverle el brío emocional que el verdadero John Callahan vivió después de un terrible incidente. Esto lleva a tener una cinta con distintos tonos emocionales, incluso dando muestra de tonos humorísticos que llegaron gracias a la reflexión y aceptación del protagonista. Combinación que me ha resultado fascinante en este y otros largometrajes.

Sumado al metódico estilo de Van Sant empleado en la cinta, el gran protagonista da muestra -una vez más- de su valía contemporánea para el séptimo arte, hablo de Joaquin Phoenix, quien fue capaz de proyectar más allá de la pantalla los conflictos físicos y mentales de su personaje, no se trata de un simple adicto, Callahan es un hombre virtuoso encerrado en un cuarto aislado de la sociedad por sus malas decisiones. Características humanas que se han visto reflejadas en múltiples personajes de Phoenix a lo largo de su carrera, pareciera ser que el trabajo de ser un transparente reflejo del sentir y pesar humano, es algo que se le da muy bien al actor galardonado en Cannes, quien ahora mismo espera ver el estreno de su atractiva interpretación del villano más famoso en la historia del cómic, el Joker.



Sin embargo el reparto que le rodea, no alcanzó los mismo resultados, por un lado Rooney Mara tuvo un personaje que parecía encantador, sin embargo la monotonía interpretativa (antes vista en la actriz) crea distanciamiento con todo aquel que le vea; por otro lado Black, actor que es conocido por su infinita simpatía en la pantalla grande, pareciera ser que los personajes con un giro obscuro no le van bien, su trabajo físico siempre alude a un tono gracioso y relajado, incluso en un encuentro importante dentro de la historia, y esto me generó cierta reserva a su interpretación.

Finalmente el trabajo de Johan Hill, el dos veces nominado al Oscar; a través de los años, al igual que millones de personas, he notado la notoria evolución artística de este actor, quien es capaz de compartir cuadro con las estrellas más grandes de Hollywood y no ser opacado, inclusive robarse momentos por su capacidad interpretativa, sin embargo durante los últimos años ha tomado ciertos papeles que, además de ser excéntricos y fuera de la calca común, parecieran no ir con el estilo Hill, un rápido ejemplo recae en la serie de Netflix: Maniac, en la que comparte créditos con Emma Stone, pero al igual que en este largometraje analizado, no pude crear un lazo con el trabajo de Jonah Hill y simplemente tuve que verle de lejos, sin involucrarme del todo; sus gestos, tonos vocales y comportamiento en general, no han ido de la mano con la capacidad innegable del actor.

No te preocupes, no irá lejos es una cinta que deja un marcado sentido reflexivo en su espectador, los duros momentos de su protagonista sin duda dejan una huella en aquel que sienta pasión por el arte y que al mismo tiempo haya tenido impedimentos físicos y emocionales en algún momento de su vida, esto cubre inmediatamente a todo aquel individuo que habite este planeta. Sin embargo tiene graves problemas con la adaptación de múltiples personajes a la par de sus respectivos intérpretes, esto a pesar del talento antes visto en cada uno de ellos.

 

Uriel Linares García

Periodista y fotógrafo en la fuente de cine con experiencia de más de siete años publicando críticas cinematográficas, coberturas de festivales de cine y foto reportajes en medios especializados en el séptimo arte y televisión.

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