Mi pequeño gran hombre – Crítica | CONTROL TOTAL

El amor puede llegar en distintos colores, sabores y tamaños

Una de las pocas cosas que han mantenido al mundo girando en su propia órbita sin desencadenar un caos completo ha sido -sin duda alguna- el amor; lo sé, se trata de una afirmación un tanto romántica y sin medidas objetivas, pero a pesar de la época, lengua, nacionalidad o creencia religiosa e intelectual, el ser humano siempre se ha regido por los mismos sentimientos naturales y primarios: el odio y el amor, polos opuestos que terminan en un perfecto equilibrio; por este camino llega mi afirmación.

Y los mexicanos somos punta de lanza en cuanto a temas amorosos se trata, y la cinta Mi pequeño gran hombre llega a reafirmarlo, historia de Carla (Fernanda Castillo), una exitosa abogada que desde hace tres años está divorciada. Sin embargo un día pierde su celular y al día siguiente, Carla recibe la llamada de alguien que lo encontró y tiene intenciones de devolvérselo.



Se trata de León (Jorge Salinas), un hombre con desbordante carisma, es allí cuando ambos tienen una conexión instantánea y concretan una cita para que León pueda devolverle el celular, sin embargo las cosas no son tan sencillas, ya que el aparente partido perfecto para Carla mide tan sólo 1.35 m de altura, esto sin duda desata una serie de graciosos y románticos momentos.

La cinta fue dirigida y adaptada por Jorge Ramírez Suárez, conocido por llevar historias a la pantalla grande como Guten Tag, Ramón (2013) o La Gran Promesa (2017), en esta ocasión presenta una sencilla y funcional comedia romántica desarrollada en el mundo socialité de México. Sí, se trata de otra apuesta más al mismo género que pareciera imposible despegarse del imaginario cinematográfico dentro del país, sin embargo también han surgido a través del año cintas con valía y propuesta digna de verse. Un ejemplo de ello es Dibujando el cielo, protagonizada por Maite Perroni e Iván Sánchez, la cual aprovechó sus cálidas actuaciones y una dirección dinámica para ofrecer un resultado cautivador.

En esta ocasión se aborda el clásico amorío que a jalones y estirones pende de un hilo, esto mientras los enamorados sufren por su indecisión o heridas del pasado. Sin embargo el cliché puede ser resuelto de distintas maneras, la cinta francesa Rodando hacia ti hace muestra de ello, basta contar con elementos puntuales para darle la vuelta a una historia conocida. Y esta producción mexicana lo logra, por momentos.

Lo momentos de los que hablo son sostenidos por las sobresalientes interpretaciones de sus protagonistas, Jorge Salinas y Fernanda Castillos, quienes además de mostrar su química actoral vital para este tipo de comedias relajadas, también exhibieron sus dotes individuales; recordemos que hacer reír en la pantalla grande sin hacer uso del humor de pastelazo, no es cosa sencilla. Y esto lo consiguen a través de sus personajes, no de gestos o líneas absurdas, hecho que da un atractivo plus a la cinta.



Y me detendré un momento en Jorge Salinas, quien desde los primeros instante de la cinta me hizo recordar aquellas personalidades seductoras que vio el séptimo arte mexicano y que al mismo tiempo mezclaban tonos cómicos como Enrique Rambal o el mismo Mauricio Garcés, dupla que marcó época en nuestro cine y será recordados como aquellas personalidades que llenaban el cuadro una vez que aparecían dentro del mismo por su voz, estilo único de decir frases trabajadas con doble sentido y por supuesto el blanco humor entre líneas. Esto es otra muestra del dominio que tiene Salinas en el quehacer fílmico, pieza clave para la conección del público y los personajes.

Sin embargo la miel no cubrió a todo el metraje, ya que hubo un momento en el que la historia -sencilla desde el inicio- se quedó corta, esto ocasionó que largos fragmentos de la historia no sucediera nada nuevo, entretenido ni gracioso, simplemente eran diálogos y problemas sin forma ni ser. Esto recae directamente en el tratamiento de guión y en parte al director, ya que se podrá contar con actores capaces, pero sin un libreto que les respalde la magia se termina.

Mi pequeño gran hombre es una película que podrá disfrutarse por todos los miembros de la familia por su humor blanco, a pesar de toca temas amorosos entre dos adultos, también se mueven hilos reflexivos dignos de cambiar en una sociedad, ya que la discriminación es uno de los escollos que -desafortunadamente- caracteriza a los mexicanos, porque sí, es verdad. Así que esta comedia tendrá un mensaje positivo por dejar a su público, además de contar una divertida historia por la naturaleza de sus protagonistas, sin dejar de mencionar el agradable efecto en edición que fue empleado al carismático León para hacerlo ver de apenas 1.35 m de altura, la pizca necesaria para tener un personaje gracioso y con potencial.

Uriel Linares García

Periodista y fotógrafo en la fuente de cine con experiencia de más de siete años publicando críticas cinematográficas, coberturas de festivales de cine y foto reportajes en medios especializados en el séptimo arte y televisión.

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