Las mujeres como Audrey Hepburn, son las más bonitas

 

Musa de Givenchy. Arte de Andy Warhol. Embajadora de la UNICEF. Estrella de Hollywood. Ícono de Vogue.

Un día como hoy murió Audrey. Le sobreviven dos hijos, Sean y Luca y dos premios Óscar a Mejor Actriz. Quedan también sus inolvidables personajes Holly Golightly, Sabrina y Eliza Doolittle. Aún la vemos en galerías de arte pop y portadas de Vogue. Su legado abarca 28 filmes y una fundación para niños.

Creció durante la Segunda Guerra Mundial. Sin muchos dulces, sin mucho vino. Con la estricta educación de su madre, la baronesa Ella Van Heemstra. Y la disciplina que exigía la práctica de ballet. Nunca realizó ningún estudio de actuación.

“La belleza de una mujer no esta en la ropa que usa, la figura que tiene o la forma de su peinado”.

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Cuando Audrey llegó a Hollywood, los estereotipos de belleza abarcaban cuerpos voluptuosos, melenas rubias y escotes. Películas como “Los caballeros las prefieren Rubias” o “Mogambo” promovían las exquisitas figuras de divas como Marilyn Monrroe y Ava Gardner. Existía también una actriz que llevaba su mismo apellido, Katherine Hepburn, considerada desde entonces como una leyenda.

Sin importar los obstáculos, Audrey supo colocarse y trabajar con lo que tenía: personalidad y encanto. Y Hubert de Givenchy supo ver eso. Se conocieron cuando él ni siquiera era ubicado en Francia. Audrey fue su musa, su amiga y su inspiración.

“Mi vida no es teorías y fórmulas. Es instinto y sentido común”.

Por eso a pesar de aceptar la condición de fumar para engrosar la voz y vestir para lucir tallas extra, jamás acepto trabajar con Alfred Hichcock, como tampoco maquillarse para lucir más joven. Rechazó también ser la imagen de la joyería Tiffany & Co.

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“Para hermosos ojos, mira lo bueno en las personas. Para labios atractivos, habla palabras cariñosas. Para un cuerpo delgado, comparte tu comida con el necesitado. Para un cabello hermoso, deja que un pequeño pase sus manos a través de él diariamente. Para tener buen porte, camina con la sabiduría de que sabes que nunca caminarás sola”.

Todos nos enamoramos de Audrey, era deliciosa y adorable, estuvo lejos de ser la clásica estrella de cine, pues nunca fue presa de los excesos decadentes de Hollywood, por el contrario, supo utilizar su fama para mejorar la vida de los demás. Fue embajadora de la UNICEF. Luchó contra la pobreza infantil. Se sintió decepcionada cuando se dio cuenta que los gobiernos invertían más en las guerras que en los niños.

Audrey se queda por siempre en nuestros corazones, como hito de la cultura, como embajadora de los niños, como estrella de cine. Una mujer rosa que creía en los besos, los cuentos de hadas y los milagros.