Destino: Un cortometraje perdido en la bruma del tiempo

Destino es un cortometraje creado en 1945 por el pintor Salvador Dalí  y el cineasta Walt Disney, lanzado en 2003 por la compañía de éste último.

Inspirados por melodía del compositor mexicano Armando Domínguez e interpretada por Dora Luz,  Dalí y Disney le dieron vida a Destino.

El corto estuvo perdido en la bruma del tiempo por 58 años, debido a las problemáticas que dejó la segunda guerra mundial. Estuvo a cargo del guionista John Hench, que  trabajó durante 8 meses de la mano de Dalí, sin embargo, la crisis financiera que abordaban en ese entonces gracias a la segunda guerra mundial, impulsaron a abandonar el proyecto, lo que lo dejó en una pausa indefinida

Fue entonces cuando en 1999 Roy E. Disney, sobrino de Walt, descubrió el proyecto latente y decide traerlo de vuelta a la vida. La duración del cortometraje es poco más de 6 minutos y nos muestra el relato del amor entre Cronos, quien es la personificación del tiempo y una bella bailarina mortal.

La historia avanza a medida que la mujer danza a través  del paisaje surrealista que dejó Dalí para poder encontrarse con Cronos. En la producción, al principio Cronos se encuentra en una pirámide  de piedra que está a punto de quebrarse y esto hace más difícil el encuentro de los dos amantes; la danda te ve la manera de fusionarse con la sombra de un campanario, lo que hace al tiempo parte de ella. Él adopta la forma de un mortal y corre hacia ella, pero al primer paso, el suelo se hace inestable, se transforma en arena, empieza a dejar al descubierto las ruinas que se escondían bajo sus pies.

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Los protagonistas buscan encontrarse el uno al otro, y al mismo tiempo a sí mismos, lo que le dio la bienvenida al cambio y al tiempo, sin esquivar una metamorfosis, lo que les dio vida y creación a sí mismos. Al final el hombre sólo puede tenerla por medio de figuras y lienzos que él mismo se crea, quizá la única manera en la que pueda tenerla.  En el cortometraje no existen diálogos, sólo la hipnotizante melodía del mismo título de Armando Domínguez.

Este trabajo tuvo gran éxito, fue nominado al Óscar como mejor cortometraje animado.

En 2003 después de su reaparición  quedó a cargo de Baker Bloodworth y Monfréy Dominique, con ayuda del mismo Hench y la esposa de Dalí descifraron el story board que el pintor español había dejado, y así  terminaron la producción de Destino.

El resultado de la combinación de Dalí y Disney, hacen que Destino sea una amalgama entre estos dos personajes. La producción muestra la perfecta sincronía entre dos personalidades opuestas, se muestran desde rostros parecidos a las princesas de Disney, hasta el contexto surreal y efímero en que se desarrolla la trama. Nos muestra a una bailarina encantadora, con hermosos rasgos, que con el movimiento de la melodía, hace derrumbar a todo el mundo, en pesadillas dalinianas al compás de la música.

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Los creadores recalcan mucha importancia al tiempo, mientras esperamos a que el destino juegue con nosotros. La historia de amor que se relata nos deja una clara visión de la mezcla de los sueños de Disney y el efecto surrealista daliniano.

El propio Salvador Dalí explica que con Destino trata de reflejar una mágica exposición de los problemas de la vida en el laberinto del tiempo.

Destino es un cortometraje en que las ideas proyectadas de Dalí adquieren vida y la ideología de Disney se daliniza.

También nos  muestra una bella danza que nos muestra el paso del tiempo con su aliado el destino, aquel que día a día construyes, haciendo que todo esté en perfecta sincronía, como los engranes de un reloj.

La danzante se suele comparar con el alma y el ser, esa parte salvaje y mundana que está en búsqueda de ése ser especial al cual unirse, es de esa manera que nuestro ser baila con la amalgama de  sueños y realidades. La danza que hace tu alma hace que no exista el tiempo, lo que hace de manera utópica que nuestras ideas y pensamientos vuelen lejos de nosotros, el cortometraje nos muestra que no hay obstáculo tan grande que impida que nuestro ser, se una con la razón de ser. Al final la bailarina adquiere forma de campana y se adentra en su corazón.

Así que al final del cortometraje te quedas envuelto en un embrollo que te crea un conjunto de emociones y sensaciones que hace que dances con el destino, no aferrándote a nada ni a nadie, siendo tú y solo tú, lo que hace que el tiempo sea tu mejor aliado para así un día encontrar una razón de tu existir.