Avengers: Infinity War – Crítica (sin spoilers) | Control Total

Nadie está a salvo con la llegada de Thanos y su ambición por conseguir

Tras diez años del Universo Cinematográfico de Marve (MCU, por sus siglas en ingles), uno creería que lo ha visto todo en las películas de superhéroes. La misma fórmula de siempre, con batallas por doquier, efectos especiales y regularmente el objetivo de salvar al mundo o el universo de las manos tiranas de algún villano. Pero la magia y sabor llegan en la forma de contarlo y en el camino forjado por Marvel Studios para llegar hasta aquí.

Ya conocemos a todos los personajes integrantes en Avengers: Infinity War, a excepción de la Black Order que rápidamente se integra sin necesidad de mayores excusas, sólo el propósito de ayudar a Thanos. El inicio fugaz y caótico de la película no deja momentos de duda y desde ahí se plantea el tono del resto de la trama en sus casi dos horas y media. ¡Comienza la emoción!



Cada superhéroe va apareciendo con el pasar de los minutos y con ello las sonrisas de los fanáticos. Evitando diálogos prolongados y yendo al grano en casi todo momento, las batallas entre los diversos personajes se hacen presentes con nuevas armas, habilidades y por supuesto dificultad, ya que del otro lado de la moneda tienen a rivales dignos de hacerles sudar la gota gorda.

Gracias al moldeado por Marvel antes de Avengers: Infinity War, no resulta complejo entender qué está pasando con cada grupo, ni te confundes relacionando las diversas historias. Obviamente para esto tienes que haber visto por le menos las cinco películas antecesoras a ésta para no tener conflictos con la trama, aún así hay una explicación simple que pondrá en sintonía con el desarrollo a nuevos espectadores.



Ningún personaje brilla más que otro, los hermanos Russo tuvieron la capacidad de darle el tiempo adecuado a cada uno para desenvolverse sin opacar al de a lado. Con simples guiños comienzas a sospechar lo ocultado por algunos involucrados y con las sorpresas a lo largo de la historia, las emociones no dejan de subir y bajar, como si Thanos tuviera en sus manos una gema capaz de controlar la expectativa de la audiencia.

Un villano con personalidad fundamentada cuyo pasado es explorado. No sólo muestra el lado malvado que todos sus enemigos ven, sino uno más introvertido que logra humanizarlo hasta cierto punto y hacer creíble sus intenciones. No perdonas sus atrocidades, pero sí entiendes sus motivaciones e inquietudes. No sólo es matar por el gusto de hacerlo sino por un plan con tintes idealistas.



No puedo dejar de mencionar el lado musical de este largometraje. La composición de Alan Silvestri es la culpable de que se enchine la piel. De repente vez cómo llega algún personaje con acordes estridentes de fondo y una dosis de esperanza para así engancharte aún más con lo que está pasando.

Si eres seguidor del MCU quedarás satisfecho con el resultado de Avengers: Infinity War e intrigado con el desenlace, pero a la vez emocionado por la única escena post-créditos de la cinta, en la que, fieles a su costumbre, añaden un ingrediente extra para la próxima entrega. Tiene sus pequeños detalles errados, pero nada que entorpezca al resto de lo contado. La grandeza de un superhéroe sólo puede ser medida por la capacidad del villano y aquí hay un buen ejemplo.